¡Que importante es la Simpatía!

 

Diversas investigaciones en psicología social han puesto de manifiesto la importancia de la simpatía en el rendimiento del trabajo de los equipos. Los grupos compuestos por personas que simpatizan entre sí poseen una moral y una producción muy superiores a las de los grupos cuyos miembros no simpatizan entre ellos.

Por: Enric Castellvi.

 

Antes de organizar una nueva oficina, un nuevo taller o un nuevo equipo de trabajo para desarrollar un proyecto, las empresas deberían agrupar a las personas teniendo en cuenta a quienes les agrada y les es posible trabajar juntas.

Como la simpatía es tan importante en lo que atañe a las relaciones humanas, conviene conocer mejor su origen y su formación, así como los factores que hacen a las personas simpáticas para unos y antipáticas para otros.

 

Ser simpático/a, caer bien, tener habilidad para congeniar y ganarse la aceptación y la simpatía es una habilidad que a todo el mundo le gustaría poseer porque facilita el inicio de nuevas relaciones, la convivencia y sobre todo añade a las relaciones humanas aceptación, cordialidad y empatía.

 

Sin embargo, algunas personas creen que la simpatía es un don que se posee ya sea porque tenemos un carácter que la facilita, un físico que predispone o un “morro que se lo pisa”. Otras personas piensan que la simpatía se establece con unas personas sí y con otras no y que, por lo tanto, no se puede lograr tener simpatía a todo el mundo o ser simpático a la mayoría de personas.

 

Se cuenta que Benjamin Franklin, el inventor del pararrayos, era un hombre mas bien feo, un día se miró al espejo y se asustó de sí mismo al verse: "Con esta cara estoy seguro que ganaría un concurso de feos, pero me voy a hacer simpático." Allí empezó su batalla. Desarrolló y practicó una amable sonrisa, puso el brillo de la alegría en sus ojos y consiguió instalar en su mente una verdadera actitud optimista, que inundó su cara y sobre todo su espiritu. De esa manera consiguió tener verdaderos amigos.

 

Para ser “simpático” no es necesario ser el/la  más guapo/a chistoso/a y ni el/la más ocurrente, sino simplemente saber crear alrededor nuestro, un ambiente de cordialidad y de confianza, en el cual las relaciones humanas y profesionales, se desarrollen de la mejor manera posible.

 

El componente más importante de la simpatía es la comprensión de los sentimientos de los demás. Y, el segundo, la capacidad para aceptar y reaccionar favorablemente ante la comprensión de las vivencias ajenas sintiéndonos cómodos, conectados y compenetrados con ellas. La simpatía implica, en primer lugar, sentir y demostrar empatía con los sentimientos de la otra persona y con la expresión de las reacciones emocionales correspondientes. En segundo término, conlleva un proceso mental que permite conectar y sintonizar con lo que piensan los demás. A través de estas dos fases se llega a tener una conformidad, inclinación o analogía respecto a los pensamientos, afectos y sentimientos de otras personas, llegando así, a sentir simpatía por ellas.

 

Según el sociólogo J. Tizón; “Primero se siente acerca de, es decir, se empatiza, y ello hace posible un sentir dentro, que posibilita una determinada conducta, es decir, el simpatizar. Engloba ambos tipos de sentir en la identificación proyectiva, que «es la base de procesos tan fundamentales como la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar de otro, calzarse las sandalias del otro. Es la base asimismo de la simpatía, del empatizar mutuamente mediante el interjuego de identificaciones proyectivas e introyectivas»..

 

Quien quiera desarrollar su simpatía tiene que tener en cuenta ante todo el propio carácter. Las personas extrovertidas son mucho más abiertas y, por tanto, más proclives al contacto con la gente y a la cordialidad, a la comunicación de sus sentimientos, a dejarse aprehender y comprender. Tienen también a su favor el sentirse interesadas por todo lo nuevo y lo desconocido lo que les lleva a querer saber cosas de la gente haciendo posible así que los demás se también se abran hacia ellos. En cambio las personas introvertidas son menos diestras para la simpatía, porque les cuesta más expresar sus pensamientos (mucho menos sus sentimientos) y, al mismo tiempo, son tímidos para entablar comunicación con los demás. Pero tanto en un caso como en el otro, cada persona puede realizar un trabajo personal sobre su carácter y entrenarse precisamente en resaltar las fortalezas y cualidades positivas que posee y en disminuir las negativas.

 

Yo aconsejaría a las personas que aspiren a ser simpáticas o tengan interés por conocer su habilidad y destreza con la simpatía, que se planteen a sí mismas el siguiente cuestionario, que las ayudará a descubrir las deficiencias que deben corregir y las condiciones o cualidades que deben adquirir o mejorar para lograr la simpatía: ¿Soy persona afable y de buen humor? ¿Sé escuchar? ¿Sé poner interés en los demás? ¿Me caracterizo por un tacto fino y discreto? ¿Aprecio a la gente de forma genuina? ¿Trato de mostrarme buena persona a cuantos me conocen? ¿Comprendo a la gente? ¿Me resulta fácil ayudar a los demás?

 

Se dice que una persona es simpática cuando inspira, en los demás, un sentimiento de benevolencia, aceptación y deseo, porque ha hecho comprender a los otros lo que siente y ha logrado despertar una respuesta agradable y de compenetración.

 

Existen importantes elementos externos que influyen positivamente o negativamente en la simpatía. Las personas nos sentimos más inclinadas a comprender mejor a aquellas personas que han compartido con nosotros/as determinadas vivencias: haber ido al mismo colegio, haber jugado o compartido experiencias lúdicas, frecuentado el mismo lugar de veraneo, mismos hobbys, etc. Parecen ser también muy importantes aspectos tan sutiles como los olores, la comunicación no verbal, la apariencia física, etc.

 

Pero, no obstante los factores externos pueden y de hecho muchas veces influyen en nuestras primeras impresiones,  sobre todo hay actitudes y tendencias interiores, que se reflejan en nuestro comportamiento cotidiano y que favorecen la simpatía. Vamos a relacionar algunas de estas actitudes o conductas que pueden hacer a una persona simpática ante otra, independientemente de su caracter o de posibles factores externos.

 

Algunas claves para desarrollar la simpatía:

 

  • Presentar un semblante alegre o, al menos, amable. La sonrisa es siempre la mejor carta de presentación.

  • El buen humor, ante todo, es una cualidad tan indispensable que puede decirse que sin ella no hay simpatía posible. Saber reírse de los contratiempos, y sobre todo de uno mismo, es asegurarse la simpatía desde el primer instante.

  • Saludar cada vez que llegues a un lugar, ya sea cuando subes a un ascensor, entras en la panadería, en la oficina o en una reunión.

  • Mostrarse cordial en todo momento. La educación y las buenas maneras son la llave que abre la mayor parte de las puertas.

  • Interesarse genuinamente por las actividades de los demás.

  • Compartir sus opiniones.

  • Tener aficiones o gustos comunes. conocidos, amigos, practicar el mismo deporte, gustar la misma música, el mismo hobby, etc.

  • Saber escuchar. Cuando alguien nos hable, dejar de hacer y prestar atención. Evitar mostrar prisa, cansancio, aburrimiento, dar respuestas cortantes o distraerse en otras cosas.

  • Saber preguntar no con curiosidad sino con interés real.

  • Recordar lo que es importante para la otra persona: su fecha de cumpleaños, aniversario de boda, nombre de sus hijos, sus gustos, etc.

  • Demostrar sensibilidad, capacidad de respuesta y generosidad para prestar atención y afecto a los demás. Hacer favores sin esperar nada a cambio.

  • Demostrar interés por quienes nos rodean, por quienes entran en contacto con nosotros, es demostrar que somos afectuosos, altruistas, capaces de comprensión y de solidaridad.

  • Mostrar confianza y cordialidad en los contactos sociales.

  • Saber ver las cosas desde el punto de vista del otro, practicar la empatía.

  • Resolver con tacto y asertividad los dilemas cotidianos que impliquen relaciones interpersonales.

  • Hacer que los demás se sientan aceptados y acogidos, promoviendo actividades divertidas.

  • Tomar tiempo para comprender y ayudar a los demás debe ser un principio importante en nuestra vida, porque el que no vive para servir, no sirve para vivir, según un antiguo proverbio.

 

Cada detalle tenido en cuenta es una puerta abierta a la simpatía. Si uno es constante en ellos conseguirá no solo caer bien a los demás sino hacer buenos amigos. No esperemos más para ser simpáticos.

 

Sentirnos a gusto con nosotros/as mismos/as es la mejor manera para irradiar simpatía y cada vez que la mostremos, ten por seguro que la contagiaremos a los demás. Y recuerda, El buen humor, la actitud positiva y el optimismo son claves infalibles para lograr la simpatía.


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Ultima modificación: 28-04-13  a las  13:23