La Sonrisa y el Humor en los negocios

 

¿A ustedes les asombra, como a mí, la enorme cantidad de personas desabridas que hay en el “mundo real? Mucha gente ha perdido su perspectiva y se toma la vida horriblemente en serio. Muy de vez en cuando nos topamos con personas que son un encanto, que han cultivado el sentido del humor y no se han olvidado de sonreír.

Por: Tomás Berriolo

 

Esto de aprender a sonreír y actuar con entusiasmo es una sugerencia muy sencilla, sin embargo no toda la gente la entiende. La sonrisa y el buen humor son - a menudo - la pequeña-gran diferencia entre un buen y un mal negocio; entre un contacto efectivo y un vínculo frustrado. Muchas veces no captamos esa diferencia porque es casi imperceptible, pero… pensemos un poco:

Los productos y precios de un negocio son iguales a los del negocio de enfrente. La comida del restaurante A es similar a la del restaurante B. Los zapatos que venden en la tienda C son los mismos que se encuentran en la tienda D. Hay una multitud de ejemplos que podríamos dar sobre la similitud de productos y servicios, que en apariencia son iguales en calidad y precio. Los mozos del café E son más simpáticos y amigables que los del café F.

En tal igualdad de condiciones, yo me inclino por ir a comprar donde los empleados sonríen, son amigables y me tranmiten alegría. No invasivos ni confianzudos, solamente respetuosamente amigables y entusiastas. Que me brindan un trato distendido, que no me presionan y que son sinceros cuando deben asesorarme sobre un producto o servicio. Al fin y al cabo el café es igual y cuesta lo mismo, los zapatos también, la comida, el ambiente y la ubicación son también muy similares; no obstante la gran diferencia la consigue, el trato de las personas que me atienden.

Hay en mi barrio un pequeño comercio de comidas y repostería, cuyo dueño y su esposa son las personas más amables y atentas que he conocido. No hay nada en ese negocio que no podamos encontrar en cualquier otro – y probablemente a menor precio – pero la verdad es que preferimos seguir comprando allí, mi familia y yo, por la amabilidad y buen humor de los propietarios. Que inclusive nos tratan por nuestros nombres propios, y no porque seamos pocos sus clientes, sino porque han hecho del buen trato y la amabilidad su propia filosofía de negocios. Siempre sonrientes, siempre de buen humor y no creo que estén  exentos de problemas y preocupaciones, como todo el mundo.  De hecho tienen un hijito minusválido, que tiene tan buen carácter y  buen humor como sus propios padres!

Les pregunto: ¿dónde comprarían ustedes? ¿donde la atención es como tramitar un complicado expediente ministerial, o en el lugar cuya vidriera es un rostro que sonríe amistosamente…? Ninguna publicidad podrá hacer que se gane la confianza de su cliente en igual medida. Es una estrategia de marketing eficaz y gratuita. Lo mismo ocurre cuando elegimos un médico, un peluquero, un dentista, un plomero, un contador, un mecánico o cualquier otro profesional. 

Obviamente queremos y necesitamos gente competente, que haga bien su trabajo, que elabore bien su producto, que preste eficientemente su servicio. Sin embargo, en igualdad de condiciones elegimos acudir al lugar donde nos atienden personas agradables.

Creo que existen demasiados vendedores con “cara de nada", que la mayoría de las veces atemorizan y espantan a los clientes, como si estuvieran perdonandole la vida. Es probable que eso ocurra porque no les gusta lo que hacen, o trasladan a la profesión sus problemas personales, su malestar en la empresa, o simplemente porque son inexpresivos. Personalmente, huyo de esas personas que solo me ofrecen un producto o servicio que bien puedo conseguir en iguales o mejores condiciones, asesorado por alguien que ponga entusiasmo en lo que hace, que se muestre simpático, o que indague sobre mis necesidades y no me abrume con su flemática indiferencia. 

He evitado concurrir a determinados médicos, cuando se comportan como si uno fuese un maniquí, que nos hacen esperar largo rato a pesar de habernos dado cita, que no responden a nuestras preguntas, ni nos dan razón de sus decisiones…¡sobre nosotros mismos y nuestra salud!  ¿Nunca les ocurrió? Voy al médico competente, amigable, que me explica detenidamente qué problema tengo, qué vamos a hacer entre ambos para superarlo, y me comporto como el más juicioso de los pacientes. ¿Por qué no elegir a alguien competente y que por añadidura sonríe y me trata amigablemente?. 

Los beneficios que nos reportarán el buen humor y el entusiasmo en cualquier negocio que realicemos, van mucho más allá de obtener mayores beneficios económicos. También disfrutaremos del privilegio de sentirnos mejor y de hacer sentir mejor a nuestros clientes y usuarios. Creo que sonreír y mantener un buen humor, proporcionan más energía y salud que muchos medicamentos. Así que anímense…y sonrían; la gratificación será inmediata e importante…y no tiene contraindicaciones!

 
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Ultima modificación: 28-04-13  a las  12:37