Educación emocional para la prevención y el desarrollo humano

 

Una emoción se produce cuando unas informaciones sensoriales llegan a los centros emocionales del cerebro. Como consecuencia se producen unas respuestas, inconscientes e inmediatas, del sistema nervioso autónomo (SNA) y hormonales. Después, el neocórtex interpreta la información.

Por: Eduardo Fuentes Aravena

 

Emociones y sentimientos

Concepto de emoción

Según este mecanismo, hay acuerdo en que una emoción es un estado complejo del organismo que se caracteriza por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. Las emociones se generan habitualmente como una respuesta a un acto externo o interno (pensamiento, dolor, etc.).

En una emoción, la persona evalúa, consciente o inconscientemente, un acto como relevante con relación a un objetivo personal que se valora de forma importante. La emoción es positiva cuando el acto supone un avance hacia el objetivo y es negativa cuando supone un obstáculo. La emoción predispone a actuar; a veces de forma urgente. Por ejemplo, cuando el hombre se siente amenazado. Por eso, emoción y motivación están relacionadas.

El sentimiento como uno de los componentes de la emoción

En una emoción se pueden distinguir tres componentes: neurofisiológico, conductual y cognitivo. Cuando se activa la respuesta emocional, el componente neurofisiológico se hace patente a través de la taquicardia, la sudoración, la vasoconstricción, la hipertensión, el tono muscular, el rubor, la sequedad en la boca, los cambios en los neurotransmisores, las secreciones hormonales, la respiración, etc. Son respuestas involuntarias, que no se pueden controlar. Pero se pueden prevenir a través de técnicas apropiadas como la relajación.

La observación del comportamiento de un individuo, principalmente su cara, permite inferir qué tipo de emociones está experimentando. Las expresiones faciales, el lenguaje no verbal, el tono de voz, el volumen, el ritmo, los movimientos del cuerpo, etc., aportan señales de mucha precisión sobre el estado emocional. Pero este componente se puede disimular. Por ejemplo, las expresiones faciales son el resultado de la combinación de 23 músculos, que conectan directamente con los centros de procesamiento de las emociones. Esto hace que el control voluntario no sea fácil; pero siempre se puede engañar a un potencial observador.

El componente cognitivo o vivencia subjetiva es el que a veces en el lenguaje ordinario se denomina sentimiento. Sentimos miedo, angustia, rabia y muchas otras emociones. El componente cognitivo nos permite identificar un estado emocional y darle un nombre. El etiquetaje de las emociones está limitado por el dominio del lenguaje. Por eso, el conocimiento de las propias emociones y su denominación es un primer aspecto de la educación emocional. Así pues, el sentimiento es una parte de un marco más amplio que es la emoción. Aunque al alargarse el sentimiento más allá de la emoción, se puede olvidar su origen a partir de una emoción.

La importancia de las emociones en nuestras vidas

Las emociones tienen una gran importancia en nuestras vidas. Se produce una interacción permanente entre emoción, comportamiento y pensamiento de tal forma que se retroalimentan permanentemente: la emoción influye en el comportamiento y en el pensamiento; a la vez, el pensamiento influye en la forma de vivir la emoción y en la dirección del comportamiento.

Muchos problemas de la sociedad actual están relacionados con las emociones: ira, rabia y odio que están en la raíz de muchos conflictos, ansiedad, estrés, miedos, fobias, estados depresivos, suicidios, violencia, consumo de drogas, comportamientos de riesgo, etc. Cuando tenemos tiempo libre, lo que buscamos es experimentar emociones y por eso la gente quiere estar con los amigos, mirar la televisión, ir al cine, al teatro, a conciertos, viajar, escuchar música, leer, etc.; pero también practica deportes de riesgo y se droga. Todo esto justifica la necesidad de prestar atención a las competencias emocionales, entendidas como competencias básicas para la vida.

La competencia emocional

La competencia emocional consiste en un conjunto de habilidades, conocimientos y actitudes, que permiten comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales. Incluye conciencia emocional, control de la impulsividad, capacidad para el trabajo en equipo, cuidarse a sí mismo y tener cuidado de los demás, etc. Esto facilita una mejor adaptación a las circunstancias de la vida, así como los procesos de aprendizaje, las relaciones interpersonales, la resolución de problemas, etc.

Recogiendo las aportaciones recientes, principalmente de Graczyk y al. (2000), Payton y al. (2000) y Saarni (2000), proponemos la siguiente estructuración de las competencias emocionales:

1.      Conciencia emocional

1.1  Toma de conciencia de las propias emociones.

1.2  Poner nombre a las propias emociones.

1.3  Comprensión de las emociones de los demás.
 

2.      Regulación de las emociones

2.1  Tomar conciencia de la interacción entre emoción, cognición y comportamiento.

2.2  Expresión emocional.

2.3  Capacidad para la regulación emocional

2.4  Habilidades de afrontamiento

2.5 Competencia para autogenerar emociones positivas.

 

3.      Autonomía personal

3.1  Autoestima.

3.2  Actitud positiva.

3.3  Responsabilidad.

3.4  Análisis crítico de normas sociales.

3.5  Buscar ayuda y recursos.

3.6  Autoeficacia emocional.

 

4.      Inteligencia interpersonal y habilidades sociales.

4.1  Dominar las habilidades sociales básicas.

4.2  Respeto por los demás.

4.3  Comunicación receptiva.

4.4  Comunicación expresiva.

4.5  Compartir emociones.

4.6  Comportamiento prosocial y cooperación

4.7  Asertividad.

 

5.      Solución de conflictos, habilidades de vida y bienestar.

5.1  Identificación de problemas.

5.2  Fijar objetivos adaptativos. Solución de problemas.

5.3  Negociación.

5.4  Habilidades de vida.

5.5  Bienestar subjetivo.

 

La educación emocional

La respuesta a la necesidad social de desarrollar competencias emocionales es la educación emocional. Entendemos la educación emocional como un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral. Por eso se proponía el desarrollo de conocimientos y competencias sobre las emociones con el objetivo de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se plantean en la vida cotidiana. Todo esto tiene como finalidad el bienestar personal y social.

La educación emocional es un proceso educativo continuo y permanente, ya que debe estar presente a lo largo de todo el currículo académico y en la formación permanente a lo largo de toda la vida.

Entre los objetivos generales de la educación emocional se pueden incluir los siguientes:

- Adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones.

- Identificar las emociones de los demás.

- Desarrollar la habilidad de regular las propias emociones.

- Prevenir los efectos perjudiciales de las emociones negativas.

- Desarrollar la habilidad de generar emociones positivas.

- Desarrollar la habilidad de automotivarse.

- Adoptar una actitud positiva ante la vida.

- Aprender a gozar.

Los contenidos de la educación emocional son esencialmente las actividades apropiadas para potenciar el desarrollo de competencias emocionales como las que hemos señalado antes.

Resumen

Las emociones tienen un papel muy importante en nuestras vidas. Hay una interacción permanente entre emoción, comportamiento y pensamiento, de tal forma que van retroalimentándose constantemente. Muchos problemas de la sociedad actual están relacionados con las emociones: ira, rabia y odio que están en la raíz de muchos conflictos, ansiedad, estrés, miedos, fobias, estados depresivos, suicidio, violencia, consumo de drogas, comportamientos de riesgo, etc. Todo esto justifica la necesidad de prestar atención a las competencias emocionales, entendidas como competencias básicas para la vida. La educación emocional presenta un conjunto de propuestas encaminadas al desarrollo de competencias emocionales.

Bibliografía

Álvarez, M. (Coord.) et al. (2001). Diseño y evaluación de programas de educación emocional. Barcelona: Ciss-Praxis.

Bisquerra, R. (2000). Educación emocional y bienestar. Barcelona: Praxis.

Güell, M., y Muñoz, J. (2003). Educación emocional. Programa para la educación secundaria postobligatoria. Barcelona: Praxis.

López Cassà, E. (2003). Educación emocional. Programa para 3-6 años. Barcelona: Praxis.

Pascual Ferris, V., y Cuadrado Bonilla, M. (2001). Educación emocional. Programa de actividades para educación secundaria obligatoria. Barcelona: Praxis.

Renom, A. (2003). Educación emocional. Programa para la educación primaria. Barcelona: Praxis.

 
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Ultima modificación: 28-04-13  a las  11:22